Dotados para conquistar, pero inutiles para gobernar.

Cada vez soy más consciente de una dificultad en nuestras relaciones sentimentales. Y es que, al parecer, la naturaleza nos ha dotado de cierta habilidad para conquistar a una mujer y, no obstante, nos ha abandonado para gobernar, es decir, manejar la relación de forma saludable. Pero, ¿qué es lo podriamos hacer frente a esto?

Es invitable no darse cuenta que cuando estamos enamorados somos capaces de hacer cualquier cosa con tal de conquistar a esa persona. Ni siquiera me imagino cómo es que podemos hacerlo, pero definitivamente lo hacemos.

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Por otro lado, una vez que la relación existe es cuando empiezan los problemas. Y, es que ya no se trata de conquistar a la otra persona, sino más bien de saber gobernar dicha relación. Es decir, lo referente al conjunto de acciones que realizamos respecto a nuestra pareja. Situación que por supuesto para algunos o muchos nos es dificil sobrellevar de forma saludable.

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Solo basta recordar cómo en el inicio todo era color de rosa y luego se torna gris u oscuro. Es en esa situación donde nos encontramos desarmados o abandonados a nuestra suerte. Tal vez sin siquiera saber cómo comportarnos o cuál es la mejor acción para dicha situación. Por supuesto, esto nos genera mucha frustación. Es decir, ¿qué es lo mejor que puedo hacer para no lastimar a la persona que tanto quiero o que tanto amo?, ¿cómo puedo comportarme mejor con ella y no tener el efecto contrario de lo que deseo: alejarla en vez de acercarla?, etc.

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Pero, ¿qué podemos hacer —si es que se puede hacer algo— para no ser nosotros mismos la causa de nuestra desgracia que al mismo tiempo deseamos evitar?

Definitivamente, no es que exista una fórmula mágica, muchos menos que mi persona haya descubierto el santo grial, sin embargo, podría al menos mostrar algunos indicios por lo cuales podríamos ir. En este sentido, es interesante lo que Erich Fromm declara: el amor una actividad.  Simultaneamente, si es una actividad también es posible afirmar que

 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Cor 13:4-7).

No obstante, si es una actividad como declara Fromm y también tiene dichas características como lo manifiesta San Pablo, ¿cómo es que lo puedo lograr? En este caso, lo mejor que he podido encontrar es que hay que cultivar una vida basada en las virtudes, siendo que

la virtud humana [según Aristóteles] no puede ser ni una facultad ni una pasión sino un hábito. Que sea un hábito quiere decir que aparece no por naturaleza sino como consecuencia del aprendizaje, y más exactamente de la práctica o repetición. La práctica o repetición de una acción genera en nosotros una disposición permanente o hábito ―de ahí que la tradición aristotélica hable de una segunda naturaleza para referirse a los hábitos― que nos permite de forma casi natural la realización de una tarea.

Como puede apreciarse estas virtudes se manifestan como disposiciones morales. No obstante, esta disposición no es un regalo de la naturaleza, sino más bien producto de un trabajo, de un entrenamiento o de una disciplina. En todo caso, ¿cómo ser más atento con la persona que amanos si no es realizando más actos de atención?, ¿cómo cuidar si no es realizando más actos de cuidado?, etc,. y así podría seguir la lista.

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Esto pues demuestra que una salida viable empieza por el cultivo de las virtudes, en este sentido, nuestra actividad —o el amor— por esa persona será mucho más manifiesta y saludable si las cultivamos.

Con esto quiero decir que debemos dejar de lado las buenas intenciones ya que inevitablemente sin virtudes simplemente se quedarán en el vacio. También afirmo que debemos despojarnos de las infantilerías que pretenden hacernos creer que solo basta con nuestros simples buenos deseos ya que sin virtudes estos no se concretarán. Finalmente, esto lo podemos lograr por nosotros, pero hay que tomar en cuentra que no será un camino fácil, al menos que podamos experimentar una metanoia o conversión de nuestra persona. Es decir, a partir de una transformación de lo más profundo del hombre: el corazón. Pero, ¿cómo lograr esta metanoia? La respuesta es simple: preguntemos a San Pablo.

Atte. El Profe Charly

Fuentes

http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiagriega/Aristoteles/Virtud.htm

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Acerca de El Profe Charly

Docente de Filosofía, emprendedor social, blogger e investigador.
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