¿Hasta cuándo vamos a seguir engañándonos?

Puede ser que hasta el día de hoy querramos convencernos que todo está bien. Y, que la vida que estamos llevando es la mejor. No obstante, la realidad puede ser otra. Por otro lado, no es el momento para juzgar, sino para dialogar —juntos— al respecto de nuestras vidas.

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Podremos haber realizado una serie de acciones entre positivas y negativas, quizás nos hemos arrepentido como quizás no, tal vez no lo vemos como tan grave o tal vez sí, etc., no obstante, desde el fondo de nuestro ser más íntimo: ¿somos felices?, ¿realmente hemos sanado esa herida tan profunda que solo tú, que solo yo o, quizás, algunos saben cuál es?

¿Hasta cuando pensamos seguir poniendo nuestra careta de todo está bien cuando sabemos que no es asi?, podemos engañar a los demás, pero a nosotros es imposible, ¿hasta cuando pensamos saciar nuestra sed de infinito con lo finito?

Definitivamente, es imposible comparar nuestras vidas con las de otras, es inutil juzgar nuestras experiencias con las de otro, sin embargo, ¿por qué no juzgar nuestra vida, nuestras experiencias con lo más universal que poseemos todos los seres humanos: el corazón?

 Todas las experiencias de mi humanidad y de mi personalidad pasan por la criba de una «experiencia original», primordial, que constituye mi rostro a la hora de enfrentarme a todo. […] Se trata de un conjunto de exigencias y evidencias con las que el hombre se ve proyectado a confrontar todo lo que existe. […] Se les podría poner muchos nombres; se pueden resumir con diversas expresiones (exigencia de felicidad, exigencia de verdad, exigencia de justicia, [exigencia de amor], etc. (Giussani, 1998, p. 22).

Sólo podemos saber cómo estamos en la medida que confrontamos nuestras experiencias con la experiencia elemental: ¿esta forma de vida que estoy llevando satisface mi deseo y exigencia de felicidad?, ¿esta relación satisface mi deseo y exigencia de amor?, ¿lo que hoy hago y lo que hice satisface mi deseo y exigencia de libertad?

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Constantemente podemos apreciar cómo somos tan traidores con nosotros mismos, con lo que deseamos y exigimos desde lo profundo de nuestro ser. Tal vez puede habernos sucedido una serie de situaciones dificiles, pero ¿continuar así mintiéndonos?, ¿queriendo convencernos y a los demás que estamos super bien, cuando en el fondo no es así?… ¿hasta cuándo?

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SOLO HASTA CUANDO DESPERTEMOS  DE ESA ILUSIÓN LLAMADA [APARENTE] VIDA FELIZ Y LIBRE. Pero, ¿cuándo será esto? La verdad, ni tú ni yo lo sabemos, sin embargo, en algún momento llegará (como en la autobiografía en cinco capítulos breves), al menos que le pongamos un alto.

Capítulo 1. Voy caminando por la calle. En la acera hay un hueco profundo. Caigo en él. Estoy perdido. Sin ayuda. No es culpa mía. Me tomará toda la vida salir de aquí.

Capítulo 2. Voy caminando por calle. En la acera hay un hueco profundo. Hago como que no lo veo. De nuevo caigo en él. No puedo creer que esté en el mismo lugar, pero no es mi culpa. Sigo necesitando mucho tiempo para salir de aquí.

Capítulo 3. Voy caminando por la misma calle. En la acera hay un hueco profundo. Veo que está ahí. Caigo en él. Es un hábito. Mis ojos están abiertos. Sé donde estoy. Es culpa. Salgo inmediatamente.

Capítulo 4. Voy caminando por la misma calle. En la acera hay un hueco profundo. Camino rodeándolo.

Capítulo 5. Me voy por otrs calle. (Autor: Portia Nelson; en Maxwell, 2008, pps. 60-61).

Como podemos apreciar, nuestro despertar es un camino de auto conciencia, basta decir que las frases de Sócrates «Conócete a ti mismo» y «una vida sin examen no merece la pena ser vivida» son muy actuales. Por otro lado, podemos apreciar en el anterior ejemplo que este camino de auto cocimiento, de auto descubrimiento se da de forma progresiva: en el inicio, no admitos que nuestra situación actual es nuestra culpa, sino del exterior. Esto, por supuesto, no quita que las circunstancias moldean nuestra situación actual, pero que de allí continuemos con dicha situación desfavorable junto a nosotros como seres pasivos es otra cosa. Luego, tomamos conciencia de nuestra culpa y, por lo tanto, de nuestra responsabilidad. Y, finalmente, nos llenamos de valor y nos ponemos acción para acabar con todo.

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Con esto, no he pretenido brindar una clase de moral, sino más bien de advertir que podemos cambiar nuestra situación, que no siempre debemos esperar lo peor, que podemos mejorar constantemente —a pesar de todo— porque somos personas con un valor incalculable. Por más que la situación esté díficil o nos haya sucedido un sin fin de malas experiencias, aún hay esperanza… aunque te parezca que más bien estás des-esperanzad@, en el fondo la esperanza continúa justo como decía Paulo Freire:

La esperanza es una necesidad ontológica; la desesperanza es esperanza que, perdiendo su dirección, se convierte en distorsión de la necesidad ontológica. Como programa, la desesperanza nos inmoviliza y nos hace sucumbir al fatalismo en que no es posible reunir las fuerzas indispensables para el embate recreador del mundo. No soy esperanzado por pura terquedad, sino por imperativo existencial e histórico. Esto no quiere decir, sin embargo, que porque soy esperanzado atribuya a mi esperanza el poder de transformar la realidad, y convencido de eso me lance al embate sin tomar en considera- ción los datos concretos, materiales, afirmando que con mi espe- ranza basta. Mi esperanza es necesaria pero no es suficiente. Ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea. (Freire, s/f, p. 27)

Ánimos, amig@s mi@s.

Atte. El Profe Charly

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Acerca de El Profe Charly

Docente de Filosofía, emprendedor social, blogger e investigador.
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