Uno de los peores días de mi vida

Como algunos muy bien saben, hace 3 años en el 2014 pude ganar la competencia del Hip Hop International Perú en la categoría Locking. Con esta victoria, por supuesto, pude viajar a Las Vegas para participar en la misma categoría a nivel mundial. No obstante, aunque fue un gran motivo para alegrarse por dicha victoria, muy pocos saben que ese mismo día era uno de los peores días de mi vida.

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Recuerdo estar en camino hacía el concurso, pero me sentía desmotivado y desganado, estaba muy triste y apático solo por un recuerdo. No puedo negar que ese recuerdo me seguía persiguiendo por mucho tiempo, especialmente, por la mortificación de que fue mi culpa de que no haya funcionado. Por supuesto, para quienes me conocen, saben de qué hablo.

Llegué al concurso sin ganas de hacer nada, solo quería ir y distraerme, nada más. Al llegar el momento de reinscribirse, ni siquiera tenía mucho dinero, así que me daba igual si participaba o no. No obstante, terminé por animarme a participar así que decidí ir pidiendo prestado para hacerlo. Y, de repente, estaba ya en el concurso.

Parecía que me olvidaba de todo, mis remordimientos se iban desvaneciendo, la adrenalina corría por mis venas, más que ganar la competencia solo me importaba una sola cosa: bailar. Así es, bailar sin importar nada, solo mi baile me liberaba de mis penas y cargas. Decidí bailar sin importarme nada.

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La gente gritaba y se emocionaba, y, hasta por en algún lugar muy especial escuché, «parecía que disfrutaba lo que estaba haciendo, sumado a mi gran sonría mostraba una gran felicidad, casi envidiable», no obstante, casi nadie sabía que era uno de mis peores días.

Pero, todo al fin ocurrió, gané la competencia y fui premiado y muchos de mis amigos me abrazaron y felicitaron, me sentía muy bien, especialmente, ese día.

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Hoy en día, me siento así, nuevamente los recuerdos y el remordimiento azotan mi cabeza. Nuevamente el recuerdo de haber entorpecido, finiquitado o destruido un interesante futuro junto a otra persona hacen eco en mi mente, especialmente hoy que debería ser un mes más. Sin embargo, esto no significa que a pesar de ser uno de mis peores días, no se pueda convertir en uno de mis mejores como lo fue ese día de dicha victoria.

Por otro lado, el que pueda escribir esto pueda parecer para algunas personas una especie de chiste o mofa, o aún un ridículo, en cambio, para otros, una especie de autobiografía o comunicación de experiencias. Sin embargo, para mí, es lo segundo. Especialmente, porque deseo mostrar mi carácter humano, y no una imagen pre fabricada de hombre. Un hombre que, con caídas y levantadas, se va construyendo, que con fracasos y éxitos aún sigue en la marcha.

Este carácter humano que debe ser rescatado y no deformado. Como bien afirmaba Anthony Burgess en su introducción de La Naranja Mecánica respecto a su último capítulo:

El capítulo 21 concede a la novela una cualidad de ficción genuina, un arte asentado sobre el principio de que los seres humanos cambian. De hecho, no tiene demasiado sentido escribir una novela a menos que pueda mostrarse la posibilidad de una transformación moral o un aumento de sabiduría que opera en el personaje o personajes principales. Incluso los malos bestsellers muestran a la gente cambiando. Cuando una obra de ficción no consigue mostrar el cambio, cuando sólo muestra el carácter humano como algo rígido, pétreo, impenitente, abandona el campo de la novela y entra en la fábula o la alegoría.

Justamente, es este carácter humano que puede cambiar y que no debe perderse de vista en nuestro mundo cada vez más alejado de sí mismo. En este sentido, para definir al ser humano no se pueden usar categorías de bueno o malo porque no existe alguien totalmente bueno o alguien totalmente malo. Si alguien fuera totalmente bueno sería un ángel o un dios, si fuera totalmente malo sería un demonio, y aunque no se niegue el aspecto demoníaco que puede afianzarse en la naturaleza humana, esto no quita la posibilidad de liberarse de dichas garras. El ser humano fue creado libre, libre moralmente para elegir el bien o el mal, pero también para arrepentirse y aprender de sus propios fracasos. Por estos motivos, no se puede usar bueno o malo para referirse a una persona, las personas pueden cambiar, podemos cambiar, ésta es una cuestión que no debemos perder de vista.

Finalmente, solo me queda decirles que no todo está acabado, ni mucho menos que nuestro futuro está escrito. Más bien nosotros los estamos escribiendo diariamente, por este motivo, ¿qué deseas escribir en tu vida para luego contarlo? No te avergüences de tus fracasos, menos de tus heridas, etc., siéntete orgulloso al recordarlas para luego no volver a cometerlos, o dejar que te vuelva a ocurrir, y más bien que se convierta en tu energía para seguir el día a día y así conquistar el éxito. Gracias.

Atte. El Profe Charly

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Acerca de El Profe Charly

Docente de Filosofía, emprendedor social, blogger e investigador.
Esta entrada fue publicada en Nostra vita. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Uno de los peores días de mi vida

  1. Augusto astorga dijo:

    El peor día de tu vida para nosotros Perú funk fue el mejor
    Nos unio como familia al saber que daremos todo y poco a poco lograremos nuestras metas

    Me gusta

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